martes, 9 de febrero de 2016

La Empresa Familiar Ante La Encrucijada.

Transcurridos más de ocho años desde el inicio, en 2008, de la crisis – quizás sería más propio hablar, más que de crisis propiamente dicha, de recesión o depresión-, las inquietudes mencionadas con mayor frecuencia, en el entorno de la empresa familiar en España, apuntan hacia una demanda de disminución de los tributos que gravan la actividad de sus negocios. Una aligeración, en definitiva, del marco impositivo en vigor en la actualidad.


En realidad, se trata de reivindicaciones asumidas, igualmente, en el entorno de empresas familiares de otros países y, en particular, de la mayoría de países de nuestro entorno europeo – occidental.



Existe una percepción  generalizada que considera que las iniciativas adoptadas por los sucesivos gobiernos en este periodo de tiempo tan desfavorable, encaminadas a propiciar un entorno favorable a la pequeña empresa y a la empresa familiar, han resultado inadecuadas o, como mínimo, insuficientes.

Parece prioritario que, desde las distintas administraciones públicas, se acometan reformas urgentes y concretas: reducción fiscal, simplificación del marco tributario, relacionar los costos en materia de Seguridad Social con las cifras reales de negocio, favorecimiento de una mayor colaboración entre las universidades y las empresas, corrección del elevado nivel de morosidad de las administraciones públicas con sus proveedores, flexibilización y liberalización del sector energético, e.t.c.

Se mantiene la confianza en aspectos consolidados que diferencian a la empresa familiar y que constituyen los puntos fuertes que definen su posición en el mercado: el diseño, la calidad y la variedad de sus productos, frente al tamaño, los buenos precios y el posicionamiento de la marca, característicos de la competencia que, para la pequeña empresa familiar, supone la gran empresa corporativa.

Los desafíos a los que, en estos momentos de incertidumbre, se enfrenta la empresa familiar son, fundamentalmente, en su ámbito interno, la consecución de mano de obra cualificada, y una adecuada política de control de costes; por el contrario, en el externo,  la evolución imprevisible de las condiciones del mercado, las políticas regulatorias de los gobiernos, o, en el área específica de la exportación, la incertidumbre derivada del mercado de divisas.

Un factor que afecta de forma especial a  la empresa familiar, el relevo generacional, constituye una inquietud específica que se extiende sobre el corto /  medio plazo. Existe una convicción generalizada de que buen número de empresas familiares cambiarán de manos en los próximos años.

A este respecto, es una evidencia que un considerable  número de estas empresas carecen de un plan específico de sucesión. No existe una planificación específica -orientada al destino de la empresa-, de los actos dispositivos -donación, testamento-, al alcance de las personas que ostentan la propiedad de la empresa. Tampoco existe un programa de resolución de posibles conflictos entre miembros de las familias propietarias. Falta una planificación meditada del impacto fiscal y financiero que entraña la realidad de la sucesión, o de la transmisión, en la empresa (colocarla, con tiempo, en situación de “venta” o “sucesión”).



Es cierto, sin embargo, que se percibe una lenta pero paulatina sensibilización hacia la necesidad, en el seno de la empresa familiar, de dotarse de instrumentos (Protocolo Familiar), con los que hacer frente a las situaciones descritas, tan características de este tipo de empresas. Instrumentos cuya utilización se antoja ineludible, bajo la perspectiva de un posicionamiento óptimo ante la problemática específica que aqueja a este tipo de negocios.